Después de unos días de comer chocolate a lo bestia, hoy le digo a Kalén que no puede comerse ooootro huevito de pascua, que tiene que dejar descansar un poco a su panza y que mejor esta tarde. Kalén se pone a lloriquear y se va a su cuarto. Le escucho durante un rato y de pronto se hace silencio. A los pocos segundos, aparece en el salón:
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