jueves, 16 de abril de 2015

Crónica de una adaptación a la primaria 7

Llegando a la puerta del colegio, Kalén se detiene y me dice: "hoy también voy a llorar, mamita". Me lo dice con los ojos brillantes, pero sin derramar lágrima alguna (como aguantándose) Me agacho, le abrazo y le digo que puede llorar y desahogarse y luego disfrutar del día. Que es normal lo que le pasa y que cada día va a ser más genial porque va a tener más amigos. Entonces, aguantando el llanto aún, me dice: "Dale, entonces creo que voy a llorar un poquito... pero allá"... Y me señala un banquito alejado de la vista de todos... Vamos, llora un ratin, lo lleno de besos y entra a su cole con un suspiro y casi casi una sonrisa y yo me voy llorando de orgullo por lo gigante que es y con el corazón del tamaño de un guisante, por lo chiquito que es...

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