- Má, yo no quiero pedir nada para Papá Noel… Ahora que ya lo sé todo, no tengo más ganas
- Pero podemos seguir regalándonos cosas y que sea sorpresa!!!! Es divertido.
- No, má, no es divertido porque es mentira. Vos odias las mentiras y a mi tampoco me gustan.
- ¿Y los juegos? ¿Y los trucos de magia? … ¿Eso te gusta?
- … Eso si…
- ¡ ok!! Pues hagamos trucos . Juguemos entonces.
- Ok.. lo voy a pensar…
El niño se despide de la madre con un beso en la puerta del colegio.
La madre camina pensativa; “es tan hermoso crecer” , “ es tan doloroso crecer”…
Algo impacta en su vientre de manera suave pero brutal a la vez. Mira hacia abajo y ve un globo que ha debido escaparse de las manos de algún niño. El globo que es empujado por el viento contra la panza de la madre, como si quisiera de alguna manera atravesarla… o quedarse dentro... Por unos instantes la madre siente que el objeto ha quedado pegado a su cuerpo, como si ambos fueran los polos opuestos de una suerte de magnetismo aéreo….
Otro viento, veloz y juguetón, irrumpe de costado y expulsa al globo del obligado abrazo materno.
La esfera, ligera, se abre paso entre los autos que transitan apurados camino de sus trabajos. Una y otra vez es expulsado con violencia de un lado a otro; empujado por ruedas, chocando contra parabrisas, techos y asfalto.
¿A quien le importa un globo abandonado , un viernes a las 8 a.m.?
¿Quién tiene interés en esa bola gomosa y huérfana, que parece querer recorrerse la ciudad buscando una nueva mano diminuta que quiera sostener su piolín?
El globo se da cuenta que la madre lo sigue aún con la mirada y regresa hacia donde está ella, en un solo vuelo limpio , velocísimo y certero, hasta colocarse a pocos metros de sus pies.
Firme y fijo.
Seguro, en el suelo.
La madre lo mira, sonríe, se agacha y lo roza con la yema de sus dedos. Luego lo deja y se gira, caminando con pasos chiquitos hacia la parada de su colectivo.
El globo se eleva alto y desaparece.
Es un globo rojo.
Muy rojo.
Casi tan rojo, como el gorro de un Papá Noel.



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