Hoy Kalén me perseguía por toda la casa. En un momento, me agobio un poco y le digo que se vaya a su cuarto a jugar, que necesito concentrarme un segundo en algo. Es esencial para el lector saber que estabamos solos en casa. Nadie nos podía escuchar.
Yo.- Venga, hijo, ve a tu cuarto y en un rato voy yo.
Kalén.- No, mamita es que no puedo.
Yo.- Pero por qué no puedes?
Kalén. No... por ... (habla bajito, poniéndose una mano en el costado de la boca, como para decirme un secreto) el TEMITA ese
Yo.- Qué temita?
Kalén.. EL TEMITA ese que hablamos el otro día... Lo que dijimos ¿te acordas?
Yo.- No sé. Dime qué pasa, hijo.
Kalén,.- Mamá... ya sabés... EL TEMITA
Yo.- Te juro que no sé ¿Qué temita?
Kalén.- (decepcionadísimo) No puedo creer que te olvidaste del TEMITA que tengo miedo...
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