sábado, 25 de enero de 2014

Hoy Kalén me perseguía por toda la casa. En un momento, me agobio un poco y le digo que se vaya a su cuarto a jugar, que necesito concentrarme un segundo en algo. Es esencial para el lector saber que estabamos solos en casa. Nadie nos podía escuchar.

Yo.- Venga, hijo, ve a tu cuarto y en un rato voy yo.

Kalén.- No, mamita es que no puedo.

Yo.- Pero por qué no puedes?

Kalén. No... por ... (habla bajito, poniéndose una mano en el costado de la boca, como para decirme un secreto) el TEMITA ese

Yo.- Qué temita?

Kalén.. EL TEMITA ese que hablamos el otro día... Lo que dijimos ¿te acordas?

Yo.- No sé. Dime qué pasa, hijo.

Kalén,.- Mamá... ya sabés... EL TEMITA

Yo.- Te juro que no sé ¿Qué temita?

Kalén.- (decepcionadísimo) No puedo creer que te olvidaste del TEMITA que tengo miedo...


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